La pornografía

Si bien el avance de la tecnología y el desarrollo de nuevos medios de comunicación nos han traído beneficios y comodidades, también nos han puesto en contacto directo con el mundo de la pornografía al cual es posible acceder inclusive desde un teléfono celular. La industria porno ha sabido infiltrarse en la vida cotidiana del hombre moderno que cada vez se muestra más tolerante, insensible y acostumbrado a su presencia. 
Ya que hemos de convivir con esta particularidad del “mundo civilizado”, es de vital importancia calcular los efectos que pueden derivar de su consumo y analizar la forma como afecta nuestra mente y sexualidad.

El impacto de la pornografía 
Muy pocas personas son conscientes del efecto devastador que tiene el consumo de pornografía debido a que las consecuencias más profundas se dan en el campo psicológico que es imperceptible y no se puede valorar con instrumentos médicos. 
En la actualidad la gran mayoría de jóvenes reciben las primeras impresiones del sexo por este medio con las que construyen una visión deforme, inverosímil y superficial de la sexualidad. La pornografía está al alcance de cualquier niño y suele convertirse en la compañera, instructora y consejera de aquellos recién desarrollados que expresan sus primeros impulsos sexuales. Las fuertes impresiones que transmite dejan huellas profundas en la mente delos jóvenes que sin haber tenido nunca una experiencia sexual real, acompañan el visionado porno con masturbaciones.

Ver, admirar, aprender e imitar... 
Ver, admirar, aprender e imitar La pornografía tiene un particular enfoque didáctico que induce al espectador a aprender e imitar.
Expone una diversidad de prácticas inusuales, artificiales, exageradas y extravagantes presentándolas con un aire de intrepidez que las hace parecer como grandes proezas. Los actos homosexuales, las aberraciones, así como el sexo grupal practicado de manera impersonal y efímera son expuestos como si fueran hazañas extraordinarias. Todos estos contenidos son leídos por la mente a manera de instructivo y por eso en el consumidor nace tarde o temprano el deseo de imitar y experimentar personalmente todo lo que vio. Después de haber visto y practicado toda esta serie de extravagancias, no se vuelve a sentir bienestar hacia la sexualidad normal.


La pornografía en la mente subconsciente
 La mente subconsciente es un banco de información que almacena las huellas residuales de todas nuestras experiencias. Sobre todo de aquellas que nos conmocionan e impactan. En este nivel profundo de la mente quedan grabadas todas las impresiones, prácticas, conceptos y sugerencias que vemos al consumir pornografía. 
El porno utiliza un lenguaje subliminal que transmite una gran cantidad de información sin utilizar palabras. Los productores manipulan y coordinan adrede el aspecto de todas las escenas, gestos, posturas, miradas, enfoques de cámara y hasta el más mínimo detalle para ocasionar un efecto intencional en la mente del receptor. 
Una sola foto o escena contiene cientos de mensajes sutiles que el espectador no alcanza a ver o distinguir separadamente. 
La excitación sexual, autosugestión, fijación y experiencias orgásmicas que acompañan la contemplación del porno refuerzan e intensifican el proceso de grabación de toda esa información. 
Si tenemos en cuenta que el aficionado repite esta experiencia muchas veces y con gran variedad de material, podemos imaginar como la mente subconsciente se convierte en una nutrida y extensa enciclopedia porno con contenidos de todos los tipos y niveles.
Esta es una de las consecuencias más graves de ver pornografía, porque una vez que se ha fijado información tan variada y detallada en los recovecos profundos de la mente resulta muy difícil librarse de ella. 
El subconsciente es un nivel de la mente del cual no poseemos control. Actúa por reflejo asociando y proyectando sus registros sobre las cosas de manera independiente a nuestra voluntad consciente. 
Cuando el aficionado al porno menos lo sospecha, ya no puede escapar del mundo erótico que emana por voluntad propia del fondo de su mente proyectándose sobre todas las cosas. Estos efectos devastadores son muy difíciles de revertir porque para hacerlo hay que revalorizar el complejo y vasto universo porno que creamos en niveles profundos de la mente a los que no tenemos acceso desde la superficie consciente. 


La pornografía degenera e induce al crimen
El consumo de pornografía siempre viene acompañado de un proceso gradual de degradación humana que conduce al desarrollo de actitudes mentales aberrantes y de apetitos enfermizos. 
Del mismo modo que ocurre en el caso de las drogas, el consumidor pronto se vuelve tolerante e insensible y se muestra ansioso por contemplar materiales con contenidos más crudos para experimentar sensaciones de mayor intensidad. Con el tiempo el porno aficionado se muestra insatisfecho con la simple contemplación y comienza a buscar su complacencia tratando de protagonizar las extravagancias sexuales que ha visto. Como resultado de este proceso degenerativo, muchas personas terminan incurriendo en delitos sexuales que van creciendo en magnitud a medida que los van frecuentando. 
La mayoría de criminales sexuales, pederastas, asesinos, violadores, padres incestuosos fueron en algún momento personas comunes que desarrollaron apetitos anormales y extravagantes por consumir pornografía. Millones de estos casos abarrotan los archivos policiales en todo el mundo. Un ejemplo que conmocionó al mundo entero fue el del reconocido asesino múltiple y violador Ted Bundy quién declaró un día antes de ser ejecutado por condena de muerte: "Al principio, la pornografía enciende ciertos pensamientos... como en las adicciones, sientes deseos de algo que sea más fuerte, algo que te provoque una excitación más intensa, hasta que llegas a un punto en que la pornografía ya no te ofrece más, llegas a un punto de salto en el cual te comienzas a preguntar si a lo mejor el hacerlo te daría aquello que está más allá de sólo leerlo o verlo". 
VEA LA ENTREVISTA A TED BUNDY HORAS ANTES DE SER EJECUTADO...
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La pornografía y la disfunción sexual
La pornografía puede producir dos fenómenos opuestos en el consumidor. La eyaculación precoz y la impotencia.
La primera es la perdida de la simiente que ocurre de forma prematura e involuntaria en la relación sexual. Una de las causas de este fenómeno es haber grabado muchas impresiones pornográficas por las cuales se responde de forma descontrolada ante cualquier estimulo sexual.
El caso de la impotencia, suele presentarse porque el consumidor se acostumbra a excitarse con impresiones extremas, fantásticas e inverosímiles que jamás encontrará en una relación real. Cuando la persona no encuentra los estímulos a los que se acostumbró con la pornografía, la mente reacciona con repudio y resistencia. 


La pornografía y los valores humanos
La filosofía sexual de la pornografía está desprovista de los valores humanos que son esenciales para asumir con éxito una relación real de convivencia. Al consumir pornografía se desarrolla una visión sexual que solo persigue la experiencia de sensaciones de placer y de satisfacción egocéntrica. Esta visión Impide el desarrollo de valores como: El amor, el respeto, la tolerancia, la fidelidad, el compromiso, la responsabilidad, etc. Y por el contrario fomenta el desarrollo de valores opuestos como: La promiscuidad, la superficialidad, la voluptuosidad, los intereses, la animalidad, el facilismo sexual, etc.
Debemos tener en cuenta que la relación sexual desprovista de valores humanos es un impedimento para la formación de la familia y del hogar. Si los padres no poseen valores ni amor, mucho menos los hijos. Y si en la familia no hay valores, tampoco los habrá en la sociedad.


Los "Condimentos" en la relación de pareja
Muchas parejas recurren a la pornografía en busca de nuevos estímulos cuando la actividad sexual se ha apagado y la relación se ha tornado fría y monótona. En el comercio venden miles de aditivos, prendas objetos y material pornográfico para “condimentar” el acto sexual. Sin embargo, lo que pocos tienen en cuenta es que las experiencias de monotonía y frialdad que se presentan en la mayoría de parejas son el resultado de un proceso de pérdida de sensibilidad. Es justamente el hecho de buscar intensidad en el placer lo que hace que el hombre y la mujer se vuelvan insensibles y sientan la necesidad de buscar novedades y artificios que solo contribuyen a que esa insensibilidad aumente. Nuestra cultura nos ha enseñado a buscar en el sexo un desfogue, una explosión de voluptuosidad y a pasar por alto la sensibilidad y el dialogo del amor. Entonces la sexualidad pierde su calor natural y su vibración espontánea en la que todo se produce por sí solo.
Las parejas se utilizan mutuamente para satisfacer apetitos que se tornan cada vez más complejos y difíciles de complacer. Entre más fantasía y voluptuosidad se añada como estímulo sexual, mayor será el condicionamiento, la impotencia sexual y la resistencia a la simpleza de la realidad.

Estudios de la ciencia sobre la pornografía
El Dr. Victor Cline, psicólogo clínico y experto en comportamiento de la Universidad de Utah, ha dicho lo siguiente: "Si uno se acostumbra a exponerse a material pornográfico, poco a poco llegará a tener una biblioteca pornográfica en su mente de la que no podrá librarse. Estará ahí, lista para recordarse, aún cuando usted no lo quiera”.
Existe una gran cantidad de evidencia en estos momentos que afirman que los comienzos u orígenes de muchas desviaciones y perversiones sexuales son aprendidas al exponerse a material pornográfico.
En la medida en que he trabajado con personas con este tipo de problemática psicológica sexual, especialmente hombres, siempre he encontrado cuatro situaciones presentes que se repiten.
La primera es la adicción: Cuando los hombres se envuelven en esto se vuelven adictos a este tipo de material. Hay una poderosa atracción semejante a la adicción que se experimenta con las drogas y el alcohol, la persona que conoce la pornografía crea un desenfreno en la búsqueda continua de más y más “y de esto no hay que dar información creíble” dice el Dr Cline. Todo hombre que consume pornografía bien sabe que crece en él, el deseo de ver más cantidad y variedad.
Luego ocurre lo segundo, lo que llamamos escalada: y es que aquello que excitaba en un principio, ya no lo hace. El consumidor comienza a buscar material mucho más crudo, extra-ordinario, impactante y retorcido. Varios estudios han demostrado que todas las personas, ya sea normales o desajustadas, que ven pornografía desarrollan el deseo de ver material pornográfico cada vez más fuerte, así como los adictos a las drogas desean drogas cada vez más fuertes. Muchos de ellos los incorporan en sus relaciones sexuales, utilizan métodos cada vez más violentos y poco comunes en, según dicen ellos para “salir de la rutina”.
Donnerstein, Zillman y Malamuth informan que "el ver prolongadamente pornografía común, no violenta y no coactiva, crea el apetito de materiales más inusuales, extravagantes y desviados, incluyendo los violentos en un contexto sexual, hasta la exhibición del sadomasoquismo y la violación sexual”. Muchos de los pacientes analizados dieron testimonio de que al mirar pornografía disfrutaban no solo del acto de la violación a una mujer si no también del sufrimiento de la misma en el coito, lo que evidencia un claro principio de trastorno psicológico.
Como ocurre con el caso de los drogadictos, aquellos que consumen pornografía llegan a sentir que necesitan materiales más y más retorcidos para mantener su nivel anterior de excitación sexual
Luego ocurre lo tercero que se desprende de la “escalada” llamamos a esto des-sensibilización: Esto significa que aquello que originalmente era chocante y terrible, aquello que ofendía la conciencia, de un momento a otro ya no ofende, comienza a verse aceptable. Uno puede llegar a observar cosas realmente terribles, practicas verdaderamente aberrantes, sea en libros, en la televisión, en el cine, en la calle, etc. y ya no sentir ningún tipo de repulsión o rareza.
Luego ocurre una cuarta cosa y es la actuación: Comienza la persona a actuar sobre lo que ya ha visto. Comienza a imitar la conducta aprendida.